
El rey escogió la segunda pintura.- Porque, -explicó- paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor. Paz significa que a pesar de estar en medio de todas esas cosas permanezcamos en calma dentro de nuestro corazón. Este es el verdadero significado de la paz.
Esta semblanza citada por el Lic. Jonás Sirulnik es muy cierta aplicada a los sucesos del Medio Oriente. Si bien muchos medios de prensa establecen la paz como aquella paloma que en su pico porta la rama del olivo volando en un cielo azul sin sitio de partida ni de llegada, ello en el mundo moderno no deja de ser un sueño utópico que vive en las mentes de quien no ha tenido que defender en la puerta de su casa y con los hijos y mujer a sus espaldas, la ira del invasor cuyo estandarte no era recoquistar su tierra sino atender un “compromiso religioso” de asesinar al “no creyente” o a aquel que se precia de ser judío.
La paz en el medio oriente es una acción que para efectos del Estado de Israel, cuyos habitantes son judíos, cristianos, católicos, musulmanes y hasta hindúes, ha requerido bordear cascadas, tormentas, rayos y truenos, con tal que sus niños, cuales pájaros en sus nidos, puedan tener el futuro que todo ser del mundo occidental aspira a concretar. El problema de la religión no debe ser tal, debería haber tolerancia y comprensión, mas para muchos organismos radicales de la nación árabe, ello es imposible. Es lastimoso como un credo pueda hacer que la gente odie y mutile, sacrifique como bombas humanas a su propia gente o, lo que es peor, envíen a sus propios hijos a la muerte brutal con una promesa surrealista en el mundo venidero.
Quienes hemos nacido, crecido y hasta desarrollado una vida en un ambiente de mutuo respeto y libertad, no podemos sino lamentar que los pajaritos palestinos estén en nidos llenos de bombas y odio, que crezcan y se desarrollen sin libertad ni educación, sometidos a la cultura de la barbarie y el armamentismo. Lejos de cargar libros cargan granadas, lejos de llegar a tener el derecho de diferir en el seguimiento de un credo religioso, su voluntad es sumisa al dictado de la ignorancia.
El Estado de Israel no ha impuesto la religión judía ni a los palestinos ni a sus propios habitantes. El ser judío es un aspecto de religión y no de Estado. El Estado de Israel vive una democracia participativa donde en Jerusalem se viven diriamente rezos de todos los credos, sin restricción de horarios ni de domicilio, incluyendo por supuesto a quienes siguen el islam. Lo que debe llamar a reflexión es que al defender sus fronteras en aras de la paz, el ejército israelí podrá invadir territorios hostiles, no con el fin de allegarse territorios, sino con el fin de controlar esos cobardes que fueron adoctrinados en el odio y la irreflexión, los cuales al lanzar bombas a zonas civiles israelíes buscan trofeos en la muerte de inocentes cuyo único pecado fue nacer en un nido de amor y libertad con el estandarte de una religión milenaria, sea judía o no.
La paz es trabajosa pero da su resultado. Israel la lucha en forma permanente. No hay película de odio que no termine en amor. Quiera Dios que esa paz que llevamos en nuestro corazón sea contagiada en medio oriente cual virus, y lejos del respeto a las fronteras, se llegue a respetar a las personas con independencia de donde vivan. El primer paso a esa paz interna dijimos es la calma, esa tolerancia a saber discernir por el diálogo y no por la fuerza impuesta de la irreflexión.
Deseo terminar este esbozo con una frase de Goethe que no necesita comentario, y que se obtiene de su libro Faust, y dice : “…Esta es la última conclusión de la sabiduría; merece la libertad y la vida solamente el que debe conquistarlas cada día…”


