El ingreso a la política de Yair Lapid y Noam Shalit, sumado al anuncio del regreso de Arie Deri, anunciados en los últimos días, traen un "olor a elecciones" que no sentíamos desde hace mucho tiempo. Puede ser que los políticos saben algo que nosotros desconocemos. Por lo que sabemos, la coalición de Biniamín Netanyahu tiene gran estabilidad. Como en diciembre último no hubo necesidad de aprobar el presupuesto, por el hecho que se implantó uno bianual, si existen divergencias dentro del conglomerado de partidos que respaldan al Gobierno, ellos supieron cómo ocultarlas para no poner en alerta a los votantes.Aún así, es evidente que algo comenzó a moverse. En filas de Kadima, el partido que resultó más afectado por las encuestas realizadas después de conocerse el hecho que Lapid se incorpora a la vida política, que perdería hasta dos tercios de su actual número de diputados, se escucharon recias críticas contra la presidenta, diputada Tzipi Livni. Ahora es acusada de no mantener una línea agresiva desde la oposición y de pasividad ante los desmanes financiero cometidos por quienes estaban a cargo de manejar los fondos del partido.
Le exigen que adelante la elección interna, mientras que más de un candidato se prepara para enfrentarla. En el Likud aparecen versiones acerca de la fijación de una fecha próxima para la interna. Netanyahu quisiera poner en práctica la iniciativa pero sabe que arreciarán las voces contrarias al aparente deseo de asegurar un sitio de los primeros de la lista a Ehud Barak, cuyo partido, Atzmaut nunca tomó vuelo y no pasaría el porcentaje mínimo requerido para ingresar a la Knéset.
Ni hablar que, en algún momento, puede aparecer la resolución de la Fiscalía en torno a la presentación o no, de cargos contra el titular de Israel Beitenu y ministro de Relaciones exteriores, Avigdor Lieberman. Esto necesariamente obligará a introducir cambios en el gabinete ministerial porque la ley establece que un ministro sobre el que pesa una demanda por delitos comunes debe renunciar.
El panorama político aparece muy turbio. Como suele ocurrir en esta pequeña y convulsionada democracia de Oriente Medio, las nubes pueden convertirse en lluvia o apartarse y despejar el cielo. El "olor a elecciones" se traducirá en un anticipado llamado a comicios o en un suave aroma que se esfumará rápidamente.
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