sábado 24 de diciembre de 2011

Una guerra interminable amenaza a Occidente


POR: JAIME GUTIÉRREZ GÓNGORA

El arma nuclear en manos de fanáticos chiitas en Irak amenaza la existencia de Israel

La fecha es importante: el 20 de diciembre, el Gobierno dominado por el primer ministro chiita, al-Maliki, ordenó el arresto del sunnita, Tarig al-Hashimi, vicepresidente de Irak. Era imputado por el asesinato de “oficiales de la Policía y funcionarios del Gobierno”. Esta acusación tiene todo el talante de un acto concluyente, definitivo y probablemente irreversible.

La importancia de la fecha es que ocurrió el día después de que Estados Unidos retiró sus últimas tropas de Irak. El chiita al-Maliki estaba esperando que salieran las tropas estadounidenses para poder actuar a su antojo. Fue su declaración de guerra sectaria abierta entre chiitas y sunnitas en Irak.

A través de la historia de ese país, el poder solo ha cambiado de manos cuando un líder ha derrotado incondicionalmente a su enemigo. Pero la barbárica historia de Irak ha incluido la práctica de que, una vez destruido, el enemigo debe ser exhibido para que todo el mundo sea testigo de la magnitud de su derrota.

Práctica de sahel. Esto fue lo que le sucedió al exprimer ministro Nuri al-Said en 1958: su cuerpo fue desenterrado y mutilado a cuchillazos y los pedazos arrastrados por las calles de Bagdad. Más recientemente, el sunnita Sadam Husein hizo lo mismo con la misma marca de brutalidad contra sus enemigos chiitas. Esta práctica es única en el mundo y se conoce en Irak como sahel.

Durante la ocupación de Estados Unidos, se libró en Irak un enfrentamiento sectario subliminal que fue esquivo. Ni los chiitas ni los sunnitas lograron asegurarse la derrota absoluta de su enemigo. Pero con la salida de Estados Unidos, muchos iraquíes de los dos bandos, lejos de mostrarse exhaustos por el conflicto de ocho años y que supuestamente había llegado a su fin, anuncian que la verdadera guerra está por iniciarse. Una carnicería peor que la anterior está por comenzar en Irak.

Evidentemente, los chiitas religiosos han decidido conquistar el país entero y retomar lo que creen que les fue negado cuando su reverenciado líder, Husein, fue asesinado en Karbala (hoy día Irak) en el siglo VII (a. C.). Han esperado siglos para lograr este momento para ejercer venganza.

Por su lado, los sunnitas públicamente han desplegado la furia a fuego lento que despertó en ellos la derrota del sunnita Sadam Husein. Evidentemente, esta furia está a punto de brotar. Ambos bandos se aferran a sus armas preparándose para el inevitable salto al abismo. Se trata de un acto de sahel. Buscan el día en que los cuerpos mutilados de los enemigos sean arrastrados por las calles.

Pero esta carnicería traerá consecuencias más allá de las fronteras de Irak. Los árabes chiitas de Irak no son más que agentes de los líderes chiitas persas de un Irán enorme y gobernado por clérigos radicales que en el 2005 prometieron que Israel sería “borrado del mapa” y tres años más tarde que “Estados Unidos se enfrenta a la destrucción”.

Amenaza para Israel. El arma nuclear en manos de esos fanáticos representa la amenaza más grande a la existencia de Israel. En las últimas tres décadas Israel contó con paz en su frontera sur.

Hoy Egipto parece dirigirse hacia la islamización; su embajador en Turquía fue expulsado; los terroristas de Hezbolá están en su frontera norte y los terroristas de Hamás en su frontera sur. Siria arde; Irak se prepara para un fiero conflicto sectario e Irán prepara su arma nuclear para cumplir su promesa de terminar con Israel.

Ya en enero del 2009, una solicitud de Israel para bombardear las instalaciones nucleares de Irán fue rechazada por Estados Unidos evidentemente sin que los líderes norteamericanos comprendieran que defender a Israel es defender la primera línea de defensa de la civilización judeo-cristiana contra el jihadismo y el nihilismo suicida de Irán que amenaza con un califato mundial. El famoso filósofo estadounidense Eric Hoffer lo advirtió en 1968: “Lo que le suceda a Israel le sucederá a toda nuestra civilización. Si Israel perece, tendremos todos el Holocausto encima”.

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